Si por dogmatismo he creído y aprendido sobre teoría de la creación, me pregunto:

¿Por qué no crear una para mí?

Desde niños nos enseñan a creer en lo que nuestros cuidadores creen que es verdad, de seguro a ellos
también se lo enseñaron sus papás. No quiere decir que está mal o bien (eso es relativo en la realidad).

Solo que aprendemos por costumbre, por ejemplo por pertenecer. Nuestro crecimiento y aprendizaje
no se basa en el cuestionamiento porque los adultos “siempre” tenemos la razón.

Me pregunto, la razón ¿de qué?, si cuando crecemos y somos conscientes tenemos más miedo e
inseguridades que cuando somos niños. En “éste “no cuestionar”, nos dejamos llevar como las olas del mar, crecemos y creemos en lo que nos digan que es “verdad”, desde formas de vestirnos, religión e incluso a cómo demostrar el amor a otros.

Somos seres de instinto, seguimos a la manada, nos permite pertenecer y pertenecer nos hace sentir
que estamos “bien”, que somos “buenos”. Nos recuerda la aceptación que recibimos en la primera
etapa de la infancia.
La respuesta a la pregunta de que: -¿si los niños humanos pueden descartar el aprendizaje por copia e iniciar el proceso por cuestionamiento?-, no la tengo.

Mi teoría de la creación está basada en todo lo que también aprendí por réplica y al descarte de las
múltiples creencias que ya están instauradas.

Y va así…

Una energía gigante y densa convertida en materia llámese piedras, fuego, vapor, tierra flotando en el espacio cargaba en su totalidad por la energía del amor absoluto y pleno.


Al recorrer millones de años luz y completar lo que considera el amor infinito, explota y va derramando
ese amor en galaxias, en planetas, en estrellas, en seres, en materia, en toda clase de aspectos que hoy
etiquetamos positivos y negativos, todo lo que se crea luego de la explosión proviene de la energía de
amor infinito.

Si al partir una piedra, las fracciones siguen siendo la misma piedra, mi teoría enuncia que:

TODOS SOMOS UNO, creados a partir del amor.

Esa energía de amor infinito fraccionado se convirtió en seres, en planetas, en estrellas, en tiempo, en LA TIERRA y específicamente en cada aspecto que nos rodea incluyendo aquellos creados por las mismas fracciones de amor.


Si posiciono mi teoría con las existentes, Dios es la energía infinita de amor que fue fraccionada y
convertida en todo. Entonces, al igual que la piedra fraccionada;

SOMOS DIOS FRACCIONADO EN TODO LO TANGIBLE E INTANGIBLE QUE CONOCEMOS Y LO QUE NO.

Como ven, mi teoría no es nueva, tiene aspectos del Big Bang, de cienciología, de astronomía. Entonces
tomo otras prácticas y dogmas y digo, si todos venimos de un todo y aterrizamos puntualmente en el
planeta Tierra;

“Somos materia física creada a partir de energía, viviendo una realidad donde el planeta nos sirve de arraigo”

Durante el fraccionamiento se crearon todos los aspectos en todos los niveles que conocemos y
desconocemos. Luego podemos puntualizar lo externo, lo inalcanzable al ser humano o lo que poco conocemos, por el momento nos centraremos en lo que hoy denominamos “ser humano”, aquí
fusionamos un aspecto del hinduismo y a las fracciones las denominaremos “almas”.

Estas fracciones que se convirtieron en “almas”; “Es una vida viviendo en un tiempo desconocido en el planeta Tierra y convirtiéndose en materia multiplicada por la cantidad de seres que habitamos aquí”

Foto de Ahmad Odeh en Unsplash

La reencarnación del hinduismo se hace presente para entender mejor cómo podemos ser los mismos
en cuerpos distintos, en espacios diferentes, donde una brecha interespacial nos permite dar pie a
vivencias de todo tipo.

“Somos la misma energía re encarnando en múltiples seres de espacios, tiempos y planos distintos”.

Si somos parte de la fracción “Dios”, ¿por qué los dogmas nos arraigan y anclan al terreno físico?
Los dogmas empiezan como éste escrito.

Un ser poniendo en palabras sus apreciaciones de la creación y otros anclándose a la creencia o desvirtuando a su favor el control sobre los otros.

Sería una blasfemia, un impulso de poder, que un dogma o religión, evidencie que somos “Dios” o la fracción de la energía infinita. Este “no recordar” de donde provenimos mantiene a esta especie organizada de cierta forma para evitar descontrol y otro fraccionamiento.

Esta energía infinita busca volver a encontrarse, unirse. Esa es la razón principal de la existencia en la
multiplicidad de seres. El aspecto humano nos permite experimentar para volver. Solo volveremos
cuando cada fracción reconozca, acepte sus partes y se eleve para juntarse.

Foto de Artur Voznenko en Unsplash

Esa misma energía también creó un aspecto que en La Tierra se denominada “libre albedrío”, dentro del
amor infinito, es éste quién nos da opciones para elegir cuándo regresar.

Es como soltar a un cachorro de cualquier especie al campo, si desconoce los aspectos que podrían
poner en riesgo su existencia, se lanzará a la libertad sin medida y descontrol y si en el camino se
encuentra con un lago profundo fácilmente podría ahogarse.

Dog running
Esta analogía con el ser humano es igual. Cada fracción en un cuerpo físico decide hasta donde avanzar,
puede que algunos lo detengan sus cuidadores, a otros, la naturaleza, a otros simplemente, sus mentes.

¿No te suena familiar esta analogía al miedo?

La cual desde la psicología es vista como “aquella emoción o sensación que no te permite ver más allá,
que te detiene”. El miedo también proviene del amor, o acaso no es el amor el que detiene a un
cachorro de lanzarse a un lago, la madre o el cuidador prevendrá al cachorro de lo que le pueda suceder,
porque su instinto anuncia el miedo.

Con esto quiero dejar claro que todos los aspectos están llenos de amor, incluso la tristeza, la ira, el
egoísmo, el ego, la deshonestidad, todos nos llevan a buscar soluciones o a morir en cuerpos físicos
como consecuencia de no encontrar el amor dentro de estos aspectos que sentimos como negativos.

“Entonces, cada fracción de amor, decide cómo jugar en el plano terrenal para alcanzar su elevación y
estar listo para volver a unirse”.

Al tener libre albedrío, antes de entrar en el cuerpo físico se decide cómo se vivirá esa encarnación, elegimos a quiénes nos servirán de espejos para aprender y también decidimos olvidar que volveremos a la misma sala a decidir por la siguiente vida o que la familia que elija “soy yo” también en otras encarnaciones tratando de buscar mi elevación.

Foto de THE 9TH Coworking en Unsplash

Estas fracciones llamadas almas necesitamos experimentar absolutamente todo, incluso por eso
también volvemos en seres de la naturaleza, en animales, incluso en piedras, el libre albedrío nos
permite volver a vivir en todas las dimensiones del amor.

¿Te hace sentido algo de esto?, ¿Lo habías pensado o escuchado antes?

“Las almas tenemos un propósito global, elevar al amor incondicional para ser EL TODO”.